Soy un desastre.
Soy un desastre desde que mi vida se convirtió en un completo desastre.
Y no puedo culpar a nadie, excepto a mí.
Me he engañado, durante mucho, mucho, mucho tiempo, creyendo que tenía todo en mis manos, que podía tocar las estrellas y conducir sobre carreteras de sueños. Suena hasta increíblemente estúpido, y ahora me doy cuenta. Me doy cuenta de que ser un soñador sale tan jodidamente caro, que es normal que el mundo esté tan triste.
Y siempre sería muchísimo más fácil tirar la toalla y dejarlo todo, pero, ¿quién sería yo entonces? Sería la traidora de mis propios principios, la enemiga de la niña pequeña que quería cambiar el mundo.
De vez en cuando, todavía quiero cambiar el mundo.
Empezando por el mío.
"Sería la traidora de mis propios principios, la enemiga de la niña pequeña que quería cambiar el mundo." A veces hay cosas que valen mucho la pena, pero que cuesta llevarlas a cabo. Y sólo hasta que llega el momento de la recompensa dices: valió la pena.
ResponderEliminarGracias por tu comentario en mi blog, me ha parecido muy interesante pero aún así creo que los objetos o acciones de por si solos no pueden hacernos felices. Necesitamos a las personas.
Besos, Amanda.
Claro, si no digo que no necesitemos a las personas... Es primordial tener a gente en tu vida, pero sólo digo que no hay que limitarse a eso, no buscar la felicidad en los demás.
EliminarUn abrazo, y gracias también por tu comentario.